Esposa de un plantador de iglesias
Ser una esposa de un plantador de iglesias pone muchas demandas en nuestra vida, sin embargo el saber que estamos cumpliendo con el llamado de Dios produce en nosotras una satisfacción incomparable e incalculable.

Ser una esposa de un plantador de iglesias pone muchas demandas en nuestra vida, sin embargo el saber que estamos cumpliendo con el llamado de Dios produce en nosotras una satisfacción incomparable e incalculable.
Los conflictos y diferencias se producen en todo matrimonio. Pero es importante saber que, si bien es cierto que debemos expresar lo que pensamos, debemos hacerlo a la luz de los principios de la Palabra para no caer en aquellas peleas que fracturan nuestra relación matrimonial.
En cada matrimonio cristiano se dan conflictos, pero estos deben ser resueltos con la mira puesta en que Jesús es el centro de nuestra relación.
Con la sabiduría que solo viene de vivir la Palabra, podemos glorificar al Señor respetando a nuestro esposo de la manera en que juntos podamos tener una buena comunicación, así como un buen entendimiento bíblico del respeto que le debemos a ellos y el amor que ellos nos deben dar de una manera bíblica.
Con la sabiduría que solo viene de vivir la Palabra, podemos glorificar al Señor respetando a nuestro esposo de la manera en que juntos podamos tener una buena comunicación, así como un buen entendimiento bíblico del respeto que le debemos a ellos y el amor que ellos nos deben dar de una manera bíblica.
Desde el principio, Dios diseñó a la mujer para ser ayuda idónea –Ezer en hebreo–. Contrario a lo que muchas mujeres creen, el ser ayuda idónea no vino con la caída: fue el diseño original de Dios el que fuéramos la ayuda del hombre. De hecho, Él formó a la mujer del hombre (Génesis 2:22, 1 Corintios 11:8-9). Sin embargo, sin la mujer, el hombre en su perfección estaba incompleto. Fuimos creadas para completarlos, no para competir y tener una “realización personal” a la par con ellos.
Desde el principio, Dios diseñó a la mujer para ser ayuda idónea –Ezer en hebreo–. Contrario a lo que muchas mujeres creen, el ser ayuda idónea no vino con la caída: fue el diseño original de Dios el que fuéramos la ayuda del hombre. De hecho, Él formó a la mujer del hombre (Génesis 2:22, 1 Corintios 11:8-9). Sin embargo, sin la mujer, el hombre en su perfección estaba incompleto. Fuimos creadas para completarlos, no para competir y tener una “realización personal” a la par con ellos.
¡La relacion matrimonial es un regalo de Dios! Sin embargo, Dios nos da más instrucciones sobre la relación matrimonial, en particular con respecto a relaciones con personas inconversas.
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