Artículo / Consejería

Esperanza ante la pérdida de tus nietos

Compartir en:

Estamos en tiempos en los que escuchamos constantemente que numerosos países están legalizando el aborto. También, oímos noticias de padres que quieren que sus hijos nazcan, mientras las madres quieren abortar y, finalmente, lo consiguen.

Como cristianos esto nos duele, pues la Palabra de Dios nos enseña desde el momento de la creación lo que somos:

«Y dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza».

Génesis 1:26a

«Envías Tu Espíritu, son creados».

Salmo 104:30a

«El Espíritu de Dios me ha hecho. Y el aliento del Todopoderoso me da vida».

Job 33:4

Estos versículos hacen referencia al Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo en la creación del ser humano. Si tenemos en cuenta estos pasajes, podemos afirmar que aunque se produzcan embarazos en medio del pecado de este mundo caído, eso no nos da licencia para no amar y abortar a esos bebés. Esto no significa que estamos aprobando el pecado, sino que estamos viendo a una criatura hecha a la semejanza de Dios.

¿Recuerdas cuando quedaste embarazada? Tu vientre comenzó a crecer y empezaste a sentir a tu bebé en tu interior. Esta experiencia fue hermosa, emocionante e indescriptible. Por eso, cuando nos enteramos que vamos a ser abuelas, a pesar de cualquier sufrimiento que ese embarazo nos haya podido causar, el hecho de saber que una criatura se está formando a la imagen y semejanza de Dios nos emociona.

Cuando esa ilusión desaparece debido a la pérdida de tu nieto/a, ese dolor, sumado al dolor de ver a tu hija o nuera pasar por ese sufrimiento, nos devasta. Y muchas veces te preguntarás por qué tantas mujeres abortan, pero tu nieto no pudo terminar su formación en las entrañas de su madre.

Ante la pérdida de nietos que nunca llegamos a ver, o que solo pudimos cargar en brazos por poco tiempo, o que solo vimos crecer hasta determinado año, debemos hallar consuelo en el hecho de que su tiempo de vida ya estaba dispuesto por el Señor. Es por eso que nuestra esperanza debe estar en Él y en Su Palabra, que todo lo tiene revelado y nos da la paz en tiempos de sufrimiento, permitiéndonos entender que sus días estaban contados como los de cada persona en esta tierra

«Porque Tú formaste mis entrañas;

Me hiciste en el seno de mi madre

Te daré gracias, porque asombrosa y 

maravillosamente he sido hecho;

Maravillosas son Tus obras,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No estaba oculto de Ti mi cuerpo,

Cuando en secreto fui formado

Y entretejido en las profundidades de la tierra.

Tus ojos vieron mi embrión,

Y en Tu libro se escribieron

todos los días que me fueron dados,

Cuando no existía ni uno solo de ellos».

Salmo 139:13-16

A continuación, quisiera compartir contigo algunos puntos sobre la esperanza que podemos tener en medio de este sufrimiento:

  • La esperanza verdadera es cuando el evangelio es parte de nuestra vida, ya que nuestra esperanza se encuentra anclada en Cristo aun en medio de este dolor.

«Pues Dios, que dijo: De las tinieblas resplandecerá la 

Luz, es el que ha resplandecido en nuestros

corazones, para iluminación del conocimiento de la 

Gloria de Dios en el rostro de Cristo».

2 Corintios 4:6
  • En este tiempo de sufrimiento, solo podemos hallar esperanza en la meditación de la Palabra, la oración y el ayuno, pues es allí donde hallamos consuelo en medio de nuestra debilidad, estas disciplinas espirituales nos llevan a una obra santificadora.

«Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva día en día».

2 Corintios 4:16
  • La esperanza viene en el poder de Dios, en nuestra debilidad, en nuestra aflicción y adversidad.

«Pero tenemos ese tesoro en vasos de barro, para 

que la extraordinaria grandeza del poder sea de 

Dios y no de nosotros. Afligidos en todo, pero no 

agobiados; perplejos, pero no desesperados». 

1 Corintios 4:7-8
  • La esperanza que tenemos en medio de nuestro dolor viene de poner nuestra confianza en la soberanía del Señor. El dolor en este tiempo que nos permitió ser abuelas ya estaba escrito por Él.

«Y en Tu libro se escribieron todos los días que me

fueron dados, cuando no existía ni uno solo de 

ellos».

Salmo 139: 16b
  • La esperanza no nos deja caer en la amargura y la insensibilidad. Este desierto debemos usarlo para glorificar el nombre del Señor.

«Cuando pensaba, tratando de entender esto,

Fue difícil para mi,

Hasta que entré en el santuario de Dios;

Entonces comprendí el fin de ellos».

Salmo 73:16-17
  • Hay esperanza de que en medio de este dolor el Dios de toda consolación nos consolará, para así poder nosotras consolar a otras.

«Porque así como los sufrimientos de Cristo son 

Nuestros en abundancia, así abunda nuestro 

Consuelo por medio de Cristo. Pero si somos 

atribulados, es para el consuelo y salvación 

de ustedes, que obra al soportar las mismas 

aflicciones que nosotros también sufrimos».

2 Corintios 1:5-6
  • Podemos tener esperanza al saber que todo obra para nuestro bien y para que los propósitos que Él tiene para nosotras se cumplan.

«Y sabemos que para los que aman a Dios, todas

las cosas cooperan para bien, esto es, para los

que son llamados conforme a Su propósito».

Romanos 8:28

Mi querida abuela, he pasado por el dolor de no conocer a mis nietos, pero con la esperanza puesta en El Señor. Que en medio de este dolor puedas glorificar a Dios y consolar a otros como Él te consoló. Tu nieto siempre estará en tu mente y corazón, pero recuerda que Dios es Soberano.

(Este artículo fue publicado originalmente en Aviva Nuestros Corazones)

¡Estemos en contacto!

Suscríbete para estar al día con las últimas publicaciones y noticias.