“El Ministerio Silencioso: La voz que acompaña”
Este libro está dirigido a la esposa de pastor y toda hermana que sirve en el reino de Dios. Espero que sea de gran bendición para la vida de cada hermana que lo lea.
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Como abuelas que conocemos al Señor, debemos buscar fervientemente Su voluntad para nuestras vidas y seguir las enseñanzas de nuestro Padre, con el fin de ponerlas en práctica también desde nuestro rol de abuelas.
Que el Señor nos ayude a ser abuelas que honran a Dios mientras instruyen a sus nietos en sus caminos.
Las telenovelas se burlan de los valores, hacen ver que lo malo sea bueno y lo bueno sea malo.
Amada, te animo a tomar una decisión rotunda sobre lo que permites invadir tu mente y ocupar tu tiempo. ¡Dediquémonos a la alimentación espiritual y el servicio a nuestro Señor!
Esto no tienen nada que ver con que la mujer tenga un trabajo secular o no, pues la vida como esposas y madres es un arduo trabajo, y necesitamos ayuda para poder renovar fuerzas espirituales y físicas.
Querida hermana, no pienses que yo no he luchado conmigo misma para pedirle ayuda a mi esposo de una manera que a honre a Dios. En el proceso, Dios me ha llevado a rendirme a sus pies, y ha venido transformando maneras de actuar contrarias a la Palabra que traía de mi antigua vida.
Es importante tener en cuenta que vivir en el extranjero no te hace un misionero. El misionero es llamado por Dios para una tarea que corresponde con la Gran Comisión. No obstante, sí puedes ser una mujer de oración, que asiste a una mujer misionera o un equipo misionero de alguna manera.
El término misionero ha sido escogido para aquellos que han sido llamados a vivir en otro país, a cruzar fronteras culturales, contextuales y de una cosmovisión diferente a la nuestra, para predicar el evangelio, hacer discípulos y participar en la tarea de la plantación de iglesias.
Todos recordamos de donde nos sacó el Señor, pero podemos olvidar el pasado porque nuestra esperanza está en Cristo.
Todos recordamos de donde nos sacó el Señor, pero podemos olvidar el pasado porque nuestra esperanza está en Cristo. No debemos quedarnos enfrascados en lo que fuimos sino en el pleno conocimiento que Cristo es nuestra esperanza y que tenemos resurrección en Él y que nos está esperando la gloria eterna.
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